jueves, 14 de octubre de 2010

LA RESACA DE LA CRISIS Y LOS ARQUITECTOS ESTRELLA

La resaca de la crisis constituye una ocasión excelente para tomar una aspirina, respirar a fondo y reflexionar sobre el porvenir de la arquitectura de interiores en nuestro país. Muchas cosas habrán de cambiar de forma inevitable para que no se vuelvan a reproducir los efectos espejismo a que nos acostumbramos durante los primeros años de este siglo. Y algunas de ellas, por desgracia para esta profesión, comportarán inevitablemente una cura de humildad y un trabajo de readaptación a la realidad de unas circunstancias donde el dinero se va a gastar con mucho cuidado.

Pasaron los tiempos en que el trabajo de interiorista y el de arquitecto se regía por la norma de dejar boquiabierto al personal, de confiar en que los espacios más sonados, asombrosos e impensables, eran los que atraían más público a su interior.

No podemos resistir la tentación de recomendar calurosamente una obra escrita por el periodista Llàtzer Moix y editada por Anagrama, con el título "Arquitectura milagrosa. Hazañas de los arquitectos estrella en la España del Guggenheim". Este librito, que se lee como una novela de aventuras, explica con datos extraídos de entrevistas y trabajo de campo, el fenómeno de la arquitectura estelar que durante muchos años deslumbró a responsables varios del erario público, haciéndoles creer que, tras el impactante efecto del Museo Guggenheim de Bilbao y la recuperación milagrosa de esta ciudad, cualquier edificio firmado por un arquitecto de renombre internacional tenia un efecto mágico de atracción de turistas, imposición de códigos culturares y solución de problemas de atraso varios. Como se aprecia tras leer el libro, detrás de esta alocada práctica que nos ha dejado algunas construcciones impresionantes, otras faraónicas, y un reguero de problemas de mantenimiento, no había una reflexión profunda.


Se compraban edificios Rogers, Hadid o Calatrava, como quien compra un bolso de marca o un coche deportivo, con la fatua esperanza de que el proyecto, además de fijar a la ciudad en un mapa cultural imaginario, dejará la impronta de los valientes próceres municipales para la posteridad.
De algunos de aquellos errores ahora lamentamos las consecuencias. La realidad impone una metodología de trabajo mucho más rigurosa, al tiempo que nos muestra cómo crece en calidad el trabajo humilde y discreto de algunos arquitectos que, a pesar de todo, no han dejado de proyectar pensando en las personas y no en los medios de comunicación. Aunque los buenos proyectos no se mencionan en este libro, dedicado a la crítica sana, haberlos, haylos. Y ahora mismo muestra el camino a seguir por los arquitectos e interioristas que siguen luchando en este país por elevar la calidad de los edificios, la adecuación de los espacios a sus requerimientos y, sobre todo, el componente humano que todo espacio debe asumir para asegurar su pervivencia y funcionalidad.


MARCEL BENEDITO
Director de Proyecto Contract
Article publicat a l' editorial de "Proyecto Contract" al seu núm. 68 votar

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